En la primera parte hablamos de lo que puedes cuidar cuando empiezas a buscar embarazo: alimentación, ácido fólico, hábitos y conocimiento básico de tu ciclo.
Pero hay una pregunta que suele aparecer después: ¿cuánto tiempo puedo intentarlo antes de pensar que debería consultar?
Y aquí es importante encontrar un punto medio.
No necesitamos interpretar que existe un problema porque el embarazo no haya llegado durante los primeros meses.
Pero tampoco tiene sentido esperar obligatoriamente un año cuando hay información que indica que conviene valorar antes.
Si tienes menos de 35 años, el año es una referencia
La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia establece como criterio general iniciar el estudio básico de fertilidad cuando no se ha conseguido embarazo después de un año de relaciones sexuales sin protección.
Ese dato de la edad se utiliza muchísimo, a menudo demasiado literalmente.
Puede parecer que, si tienes menos de 35 años, debes esperar doce meses pase lo que pase.
En realidad, no es exactamente eso.
Ese año funciona como referencia cuando no existen otros factores que hagan recomendable investigar antes.
Hay situaciones en las que no conviene esperar doce meses
La propia SEGO contempla circunstancias en las que la valoración puede adelantarse.
Entre ellas aparecen, por ejemplo:
ciclos menstruales irregulares,
abortos de repetición,
antecedentes de cirugía pélvica,
determinados antecedentes genéticos,
problemas genitales previos en el hombre y
otras situaciones clínicas que puedan afectar a la fertilidad.
También se recomienda adelantar el estudio a partir de determinadas edades, porque la edad femenina modifica el pronóstico reproductivo.
Por tanto, tener 30 o 32 años no significa automáticamente que tengas que permanecer doce meses esperando si tu historia clínica ya contiene información relevante.
Un ejemplo sencillo
Imagina dos mujeres de 31 años.
Una tiene ciclos regulares, no presenta antecedentes reproductivos relevantes y lleva cuatro meses buscando embarazo.
La otra lleva años con ciclos muy irregulares y largos periodos sin menstruación.
Tienen la misma edad y llevan el mismo tiempo buscando. Pero no necesariamente tiene sentido hacer exactamente lo mismo en ambos casos.
Tanto la edad como el tiempo de búsqueda son importantes, pero también necesitamos evaluar el contexto.
Consultar antes no significa asumir que tienes un problema de fertilidad
Diferenciar esto me parece importante.
A veces retrasamos una consulta porque pensamos: “Solo llevo seis meses. Igual estoy exagerando.”
Pero pedir una valoración cuando hay un motivo para hacerlo no implica que ya exista un diagnóstico.
Puede servir simplemente para ordenar la información y decidir si hace falta estudiar algo o si tiene sentido continuar intentando embarazo de forma espontánea.
En el otro extremo está la búsqueda de pruebas desde el primer mes sin que exista ninguna indicación.
Tampoco necesitamos eso. La clave está en utilizar las pruebas cuando responden a una pregunta clínica concreta.
¿Necesitas hacerte una AMH porque llevas unos meses buscando?
No necesariamente.
Lo menciono porque es una de las primeras pruebas que aparecen cuando empezamos a hablar de fertilidad.
La hormona antimülleriana, junto con un recuento de folículos, aporta información sobre la reserva ovárica y tiene aplicaciones importantes dentro de la medicina reproductiva, especialmente para estimar la respuesta a la estimulación ovárica.
Pero la Sociedad Española de Fertilidad especifica que su resultado no permite predecir por sí solo la gestación espontánea ni informa directamente sobre la calidad ovocitaria.
Por tanto, pedir una AMH simplemente para obtener una respuesta a “¿soy fértil?” puede llevar a interpretaciones equivocadas.
La reserva ovárica merece un artículo propio, porque aquí sí hay bastante que explicar.
Para este artículo basta con recordar algo: una prueba tiene que responder a la pregunta adecuada.
¿Y una analítica completa?
Funciona igual.
Si hay síntomas, antecedentes o alguna circunstancia concreta que queramos investigar (por ejemplo, evaluar el estado nutricional junto con una consulta de nutrición de cara a conocer cómo es y en qué se puede mejorar), determinadas pruebas pueden estar justificadas.
Pero pedir una batería enorme de parámetros a cualquier mujer que lleva unos meses intentando embarazo no necesariamente va a aportar más claridad.
ESHRE, en su guía europea sobre infertilidad de origen desconocido, insiste precisamente en partir de una evaluación básica apropiada antes de añadir pruebas adicionales, muchas de las cuales cuentan con evidencia limitada para utilizarse de manera rutinaria.
Hablaré específicamente de qué analíticas pueden tener sentido en fertilidad en otro artículo.
Aquí me interesa mucho más que tengas un criterio:
antes de pedir una prueba, deberíamos saber qué información buscamos y qué decisión podría cambiar según su resultado.
Si llega el momento de estudiar la fertilidad, se estudia a la pareja
Cuando existe pareja masculina, este punto es importante.
No tiene sentido que ella acumule meses de analíticas y exploraciones mientras el factor masculino se deja para el final.
La SEGO recomienda que la valoración inicial recoja la historia familiar, personal y reproductiva de ambos miembros de la pareja y contempla la evaluación del factor masculino dentro del estudio básico.
No voy a desarrollar aquí el seminograma, la calidad seminal o la fragmentación del ADN espermático porque cada uno necesita su contexto.
Solo quiero dejar claro que, cuando se estudia por qué un embarazo no llega, la evaluación debe incluir a los dos miembros de la pareja.
¿Qué pasa cuando todas las pruebas básicas parecen normales?
También puede ocurrir.
ESHRE dispone de una guía específica sobre infertilidad de origen desconocido precisamente porque existen parejas en las que, después de una valoración básica, no se identifica una causa evidente que explique la dificultad para conseguir embarazo.
Que las pruebas iniciales sean normales no significa que “todo esté en tu cabeza”.
Tampoco significa que necesites automáticamente ampliar el estudio con todas las pruebas disponibles.
A partir de ahí, las decisiones dependen de factores como la edad, el tiempo de búsqueda, la historia reproductiva y los resultados de la valoración realizada.
Y ese terreno ya corresponde a una evaluación individualizada.
Entonces, si tienes menos de 35 años, ¿cuándo pediría ayuda?
Como orientación general:
Si acabas de empezar y no hay señales que preocupen
Puedes centrarte en la preparación que vimos en la Parte 1 y dar tiempo a la búsqueda.
Si se acerca el año sin conseguir embarazo
Tiene sentido plantear una valoración de fertilidad.
Si existe algún antecedente relevante
No necesitas esperar obligatoriamente doce meses.
Ciclos claramente irregulares, determinados antecedentes ginecológicos o reproductivos o la sospecha de un factor masculino son algunos ejemplos en los que puede tener sentido consultar antes.
Si simplemente no sabes si tu situación merece valoración
No necesitas decidir tú sola qué prueba hacerte.
Precisamente ahí puede ser útil primero ordenar el caso y determinar cuál es el siguiente paso razonable.
Antes de pedir pruebas, hazte estas tres preguntas
Creo que pueden ahorrarte bastante ruido:
- ¿Hay algo en mi historia que justifique investigar antes?
- ¿Qué queremos saber con esta prueba?
- ¿Cambiaría alguna decisión según el resultado?
Si no podemos responder con claridad, quizá todavía no necesitamos esa prueba.
Porque cuando estamos en este proceso de fertilidad es muy fácil acabar acumulando resultados. Lo que ocurre es que tener más información no siempre significa tener más claridad.
El objetivo no es esperar ni investigar por sistema
Si tienes menos de 35 años, no conseguir embarazo durante los primeros meses entra dentro de algo que puede ocurrir sin que exista necesariamente un problema reproductivo.
Al mismo tiempo, el criterio de los doce meses no debería utilizarse como una barrera cuando existen razones para valorar antes.
Por eso prefiero que te quedes con esta idea: el tiempo importa, pero siempre hay que interpretarlo dentro de tu historia.
En próximos artículos iremos profundizando por separado en cuestiones como reserva ovárica, AMH, analíticas, ciclos irregulares, factor masculino y otros aspectos que pueden aparecer durante el estudio de fertilidad.
Así podremos entender para qué sirve cada cosa sin meter todas las pruebas posibles dentro del mismo saco.
Si no sabes cuál es tu siguiente paso
Si llevas un tiempo buscando embarazo y empiezas a preguntarte si deberías seguir intentándolo igual, cambiar algo o profundizar en tu situación, mi Sesión de Claridad Fértil está pensada precisamente para ordenar esa primera decisión.
Revisamos tu caso para identificar qué está pesando y definir cuál es el siguiente paso más razonable, sin convertir la sesión en una lista interminable de pruebas o cambios.
Preguntas frecuentes
Tengo menos de 35 años. ¿Debo esperar siempre un año antes de consultar?
No. Un año es el criterio general para iniciar el estudio cuando no se ha conseguido embarazo, pero determinadas circunstancias pueden justificar una valoración más temprana.
¿Puedo hacerme una AMH para saber si soy fértil?
La AMH, junto con el recuento folicular, informa sobre reserva ovárica y resulta útil en determinados contextos clínicos, pero la Sociedad Española de Fertilidad señala que no predice por sí sola la gestación espontánea ni la calidad ovocitaria.
¿El estudio debe hacerse solamente a la mujer?
Cuando existe pareja masculina, no. La evaluación básica de fertilidad contempla a ambos miembros de la pareja.
¿Cuántas más pruebas me haga, mejor?
No necesariamente. Las pruebas deberían seleccionarse según la historia clínica y la pregunta que intentamos responder. ESHRE señala que muchas pruebas adicionales utilizadas en infertilidad presentan evidencia limitada para su utilización rutinaria.
Referencias
Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Estudio de la pareja con disfunción reproductiva. Progresos de Obstetricia y Ginecología. 2017;60(3):267-273.
Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Información para pacientes sobre fertilidad, hormona antimülleriana y reserva ovárica.
European Society of Human Reproduction and Embryology (ESHRE). Evidence-based guideline on Unexplained Infertility. 2023.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración sanitaria individual.